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La evolución de la ciudad

Vannes surgió hace más de 2.000 años en el fondo del golfo de Morbihan, desarrollándose alrededor de una zona portuaria muy activa hasta el siglo XIX.


La ciudad antigua
Primero se llamó Darioritum…
La ciudad galorromana, fundada a finales del siglo I a.C., se extiende por la colina de Boismoreau, que domina la ría. Darioritum se organiza alrededor de un amplio foro, centro administrativo y político del territorio. Su puerto, situado en la parte baja, permite desarrollar una importante actividad comercial. A finales del siglo III, se construye un castro (poblado fortificado) en la vecina colina de Mené.
 
… y luego Venetis a comienzos del siglo V.
Dicho nombre proviene de los vénetos, galos vencidos por César en el 56 a.C., y comenzó a utilizarse tras la caída del imperio romano. Durante mucho tiempo se escribió “Vennes” y se pronunció “djuened” en francés, aunque en bretón se utilizara el término “Gwened”.
 
La ciudad medieval
En el siglo V, el obispado establece su sede en Vannes. La ciudad se desarrolla entonces alrededor de dos polos: el castro (y la catedral) de la colina de Méné y la colina de Boismoreau, asentamiento primitivo de la ciudad galorromana. No obstante, éste último emplazamiento se abandona en la Edad Media en beneficio del castro, que será la base de la ciudad medieval.
 
Las numerosas obras que se ponen en marcha en los siglos XII - XIII reflejan el deseo de renovación urbana existente: la reconstrucción de la catedral, la edificación de la “cohue” (mercado), el mantenimiento de la muralla, etc. Asimismo, se estructura una red viaria alrededor de los principales edificios de la ciudad.
 
A finales de la Edad Media, Vannes es ya una de las principales ciudades bretonas. El Duque Juan IV (1365-1399) decide construir el castillo de l’Hermine y ampliar el recinto urbano, que pasa de cinco a diez hectáreas. De este modo la ciudad se amplía acercándose al puerto, ya en plena actividad.
 
La ciudad moderna
En el siglo XVII se instalan numerosos conventos en la periferia de la ciudad. Entre 1675 y 1689, el parlamento de Bretaña deja Rennes y se exilia a Vannes, lo que impulsa nuevas construcciones, especialmente en la parte sur de la ciudad amurallada. La implantación de un sistema de conducción de agua potable y la construcción de paseos arbolados contribuyen a aumentar el atractivo de la ciudad.
En el siglo XVIII, el encenagamiento del puerto se convierte en un problema importante que obliga a construir una esclusa de limpia y nuevos muelles. La perforación de la loma de Kérino para rectificar el canal comienza poco antes de la Revolución francesa, pero no finalizará hasta el siglo siguiente.
 
La ciudad en los siglos XIX y XX
En la segunda mitad del siglo XIX hay dos factores que permiten la urbanización de barrios periféricos y aumentan la actividad de la ciudad: la llegada del ferrocarril en 1862 y la instalación de dos regimientos de artillería en 1870. Cerca de la estación van instalándose pequeñas empresas y urbanizaciones que luego se extienden hasta los barrios del oeste de la ciudad, meramente residenciales. Se abren nuevas calles que rodean la antigua muralla, muy bien conservada. En este periodo se invierte mucho tiempo y esfuerzo en la construcción de edificios públicos como la Prefectura y el Ayuntamiento.
 
Después de la Segunda Guerra Mundial, la ciudad conoce un importante crecimiento. En los años 1960-70, la creación de las ZUP (zonas de urbanización prioritaria) de Kercado y de Ménimur y la construcción de la circunvalación norte ampliaron la influencia urbana, que actualmente va mucho más allá de los límites de la comuna. No obstante, Vannes ha sabido conservar su centro antiguo gracias al plan de salvaguardia del patrimonio aprobado en 1982.