Vannes, lugar de residencia preferido de los Duques de Bretaña a finales de la Edad Media, es prefectura de Morbihan desde 1791.
Un importante centro religioso
La catedral de San-Pedro (Saint Pierre) reconstruida a partir del siglo XI y situada en el centro de la ciudad amurallada, domina el paisaje urbano. El primer obispo conocido de la ciudad, San Paterno (Saint Patern), da nombre a una parroquia antigua de la ciudad. En la Edad Media, la iglesia de San Paterno era una importante etapa del peregrinaje Tro Breiz (vuelta a Bretaña). En 1418-1419, la llegada y el fallecimiento en Vannes del dominico español Vicente Ferrer hacen surgir nuevas devociones, hasta el punto de convertir al santo en patrón de la ciudad. En la Contrarreforma, los conventos se multiplican en la periferia urbana: Carmelitas descalzas, Ursulinas y Capuchinos se instalan en el barrio del puerto, mientras que Jesuitas y Dominicos prefieren el norte y el este de la ciudad, respectivamente.
Vannes, icono del Ducado de Bretaña
Tras un conflicto dinástico que causa estragos en Bretaña en la segunda mitad del siglo XIV, los duques de la familia de Montfort eligen Vannes como lugar de residencia. En el siglo XV se instala en la ciudad la Cámara de Cuentas y en 1485 el duque Francisco II funda en Vannes el primer parlamento de Bretaña, cuyas sesiones se celebran en el Castillo Gaillard.
La anexión a Francia
En 1488, el ejército del duque Francisco II combatió del lado de las tropas francesas en Saint-Aubin-du-Cormier, cerca de Rennes. Los sucesivos esponsales de su hija, la duquesa Ana, con los reyes de Francia Carlos VIII y Louis XII, pretendían terminar con la independencia de Bretaña. No obstante, en agosto de 1532, el rey Francisco Ise reúne en Vannes con los parlamentarios bretones para acordar un tratado de Unión Perpetua que sería ratificado unos meses después en el castillo de Plessis-Macé (Anjou).
Una ciudad portuaria y capital agrícola
Desde antiguo, la ciudad es un centro de intercambio muy activo gracias a las riquezas agrícolas de su zona rural. A finales de la Edad Media, Vannes se convierte en un importante centro de almacenamiento de vino, lo que favorece el desarrollo del comercio marítimo bretón.
En el siglo XVIII, se organizan algunos viajes de largo recorrido con salida en Vannes, aunque el cabotaje continúa siendo la especialidad de la ciudad hasta el siglo XIX. Con la llegada del ferrocarril en 1862 y la evolución del transporte, el comercio marítimo se enfrenta a una feroz competencia y se reduce notablemente.
En el siglo XIX no se instala mucha industria en Vannes. Los astilleros de construcción naval y las curtidurías, que cierran sus puertas definitivamente en 1939, son ya meras herencias del Antiguo Régimen. Afortunadamente, la actividad industrial local vuelve a conocer un buen momento en los años 1960, con la llegada de Michelín y el desarrollo del sector agroalimentario.
Un centro administrativo y turístico
Gracias a su historia, Vannes continúa siendo hoy el centro administrativo del departamento francés de Morbihan. En los últimos años, algunas universidades se han instalado en la ciudad. Además, el turismo y la cultura van ganando terreno. A comienzos del siglo XX, barcos de vapor fletados con salida en Vannes ofrecían a los turistas excursiones por el golfo de Morbihan con escala en las islas. Más tarde, después de la Segunda Guerra Mundial, el alcalde de Vannes, Francis Decker, creó los “Jardines Ópticos” junto a la muralla, entendiendo así que este patrimonio sería una ventaja importante para el futuro desarrollo de la ciudad.