Vannes se encuentra al fondo de una ría y debe a los romanos las bases de la ciudad fortificada medieval. A finales del siglo XIV, la ciudad es una de las residencias favoritas de los Duques de Bretaña, lo que lleva a la ampliación de la ciudad hacia el puerto, duplicando la superficie del recinto amurallado.
Intramuros, numerosas casas con entramado de madera jalonan las estrechas callejas que rodean la catedral, reconstruida a partir del siglo XV. La “ciudad de madera” se completa con una "ciudad de piedra” en la época clásica. El comercio marítimo vive su momento de apogeo y en el puerto se construyen nuevos muelles.
Pero la actividad marítima se hunde en el siglo XIX. A partir de los años 1860/1870, la prefectura de Morbihan se dota de nuevos edificios públicos y la actividad vuelve gracias al ferrocarril y a la instalación de dos regimientos en la ciudad.
La evolución de la ciudad
Vannes surgió hace más de 2.000 años en el fondo del golfo de Morbihan, desarrollándose alrededor de una zona portuaria muy activa hasta el siglo XIX.